miércoles, 9 de septiembre de 2009

ATREVIDA Y PASIVA

Era sábado 05 de septiembre, se acercaban las 8:30 p.m.; una noche exageradamente fría en San Antonio de Pereira (Rionegro). Sin embargo, las mujeres no dejan pasar la oportunidad para exhibir sus curvas, sus bellos senos y sus doradas piernas.

En cada una de las discotecas de la “Zona Rosa de Rionegro”, se podía ver toda clase de mujeres: altas, bajas, delgadas, gordas, bonitas, no tan bonitas, voluptuosas y... en fin, allí se encontraba mujer para cada gusto; tanto en su físico como en su actitud: tímidas, alegres, aburridas, coquetas, “insinuantes”.

En la Discoteca Rancho Hildebrando, a eso de las 9:30 p.m., se vivía un ambiente muy agradable. Entre música, baile y licor se conocían hombres con mujeres, hasta el punto de parecer viejos amigos y algo más.

En una de tantas mesas había un grupo de cuatro mujeres; bellas, aparentemente extrovertidas y con muchas ganas de pasarla bien. Sara (nombre adscrito por la escritora), una de las chicas, la más sexy y alegre, se robaba la mirada de casi todos los hombres, hasta del más “despistado”: jóvenes, adultos, guapos, no tan guapos, los que estaban solos y hasta los que tenían al lado su pareja, los cuales abrazaban a su compañera para mirar a Sara sin despertar sospecha, no podían evitar observarla y tal vez desearla.

Sara, evidentemente, no era ajena de todas esas miradas y deseos que despertaba en los hombres del lugar, por eso cada vez hacía movimientos más sensuales y llamativos: movía su cadera, agitaba su cabello, se ponía las manos en la cabeza y bajaba al ritmo de la música, además tomaba su copa de licor y gritaba en coro con sus amigas “¡salud!”.

Muchos chicos la invitaron a bailar, pero ella no aceptó a ninguno, a unos les decía que estaba cansada, a otros simplemente les respondía que no quería, y a los demás los ilusionaba diciéndoles -más tarde-, sin embargo, ese momento tan anhelado por ellos nunca llegó.

Quizá algunos de ellos se preguntaron -pero, ¿por qué no querrá bailar?, si se ve tan animada y dispuesta a lo que sea-. Pues bien, pronto llegó la respuesta. Eran casi las 12:00 p.m. cuando se acercó, donde Sara, un joven bastante atractivo y con buen porte, la saludó con un beso en la boca y se sentó en la misma mesa con ella y sus amigas.

Desde ese momento la actitud de Sara fue completamente diferente, cualquiera pensaría que no era la misma persona, ya no quería bailar ritmos como el reggaetón, electrónica u otro que le exigiera mucho movimiento, sólo bailaba música suave con el que, aparentemente, era su novio; cuando sus amigas querían brindar, ella ya no levantaba su copa con licor sino un vaso con agua.

Se llegó el momento de salir de la discoteca y Sara ya no quería mostrar sus curvas y atributos, sencillamente prefirió que el chico le prestara su chaqueta, pues según ella, tenía mucho frío.

Cuando se fue la pareja, en el lugar se escucharon rumores como: -ésta sí que es una “chica plástica”. -Qué muchachita tan solapada, y el novio pensando que es una mosquita muerta.

Leidy Johana Quintero Martínez

No hay comentarios:

Publicar un comentario